Sus mármoles grabados son exquisitas piezas de artesanía de alto valor estético. La obra de un autodidacta que transmite su sensibilidad a la piedra.
Directo, trasparente y sin pudor Marcelo Chiarello reconoce que lo suyo no fue la consecuencia de una rigurosa formación académica y ni siquiera el producto de un oficio heredado o largamente ejercido en fábricas o talleres como solía ocurrir en otros tiempos. Sin embargo, sus mármoles grabados son verdaderos modelos de diseño, de calidad y de conocimiento profundo de las técnicas para el tratamiento de ese dúctil mineral que fascina al hombre desde milenios y con los que ha realizado algunas de las más grandiosas obras de arte de todos los tiempos. Frente a su obra, en su pequeño taller del barrio de Mataderos, la confesión de autodidacta absoluto asombra y aumenta los valores de este artesano que ha logrado conjugar en sus obras mucho de esa estética popular propia de su origen con toques de sofisticación y originalidad que muchos artistas luchan por conseguir sin obtenerla nunca.
Marcelo tiene, es evidente, un vínculo muy especial con la piedra. La trabaja con técnicas diversas para envejecerla, quitarle el brillo natural, devolverla la rusticidad originaria y así convertirla en el soporte de su creatividad. Sobre esa piedra graba dibujos simples que simulan pinturas rupestres, otros con un estilo más decorativo o estampa fotografías como la de su idolatrado Maradona, transformado por la magia de una pátina, en una especie de dagerrotipo de fines del siglo XIX. Con esa misma técnica ha estampado en placas de mármol páginas de documentos antiguos y hasta boletos de tranvía de la época del Centenario. Placas que luego ha enmarcado con maderas rústicas que transmiten una decisiva sensación de ser objetos decorativos de otras épocas.
Partir de cero
Marcelo es autodidacta en sus afanes artísticos, pero su enorme mérito es haber transformado la necesidad en virtud. Alguna vez, no hace tanto, ingresó en una importante marmolería como operario y muy pronto su creatividad lo llevó a ocupar un lugar en el departamento de diseño de la empresa.
Modesto y agradecido pide subrayar que gracias a los dueños de Cerámica Acuarela pudo aprender muchos de los secretos que hoy utiliza y hasta realizar algún viaje a Italia, la sede mundial del conocimiento de las técnicas para convertir esa piedra en uno de los más deseados objetos decorativos en todo el planeta. Hoy está tratando de abrirse paso por su cuenta con sus placas, sus magníficas guardas y sobre todo con una reciente creación que comercializa con su socio y amigo Jorge Pisano: se trata de bachas y fuentes confeccionadas con pastillas de mármol, algunas de las cuáles son especialmente decoradas para realzar su originalidad. Artesanía de calidad. La obra de un artesano que encontró su lugar en el mundo. |