Utiliza antiquísimas técnicas de tratamiento del vidrio para la creación de una joyería artesanal tan exclusiva como magnífica en sus detalles.
Cuenta alguno de los biográfos de María Antonieta que cuando la malograda reina de Francia expresó su satisfacción y su sorpresa a su peluquera por un nuevo peinado que está había inventado para su real cabeza, la estilista se limitó a revelarle que se había inspirado en el tocado de una antigua dama griega y que lo justificó con una frase que ha pasado a la historia: “¡Su Majestad, no hay nada nuevo bajo el sol... salvo lo que se ha olvidado!. Algo parecido podría asegurar Malena Quintar Lischetti, una joven orfebre que ha rescatado del olvido antiquísimas técnicas egipcias de tratamiento del vidrio para integrarlas a la joyería en plata y realizar así exquisitas creaciones propias, donde su inspiración y su talento complementan la calidad de cada pieza.
|
Una de esas técnicas es la conocida como “faienza” en Occidente porque fue introducida en Europa por arqueólogos italianos, pero que en realidad se trata de una pasta vítrea que entre los años 5.500 y los 3.500 antes de Cristo los egipcios perfeccionaron para su utilización en pequeñas piezas de joyería hasta máscaras e incluso sarcófagos de sus muertos notables. Se trata de una pasta vítrea que se puede modelar a mano y cuya coloración característica es el azul o el turquesa según se realice en base a cobalto o carbonato de cobre, que proveerán de un esmaltado espontáneo y magnífico a cada pieza. La otra técnica, más antigua pero más conocida, es la pasta de vidrio, con la que también realizaban joyas, amuletos y hasta objetos decorativos. |
Sin límites
Estudiosa y siempre dispuesta a explorar nuevos límites, además de exhibir un talento y una creatividad absoluta, Malena logró dominar esas técnicas a la perfección después de muchas horas de ensayo y error. Hoy las aplica con notable resultado en sus piezas de joyería contemporánea, una artesanía que, a pesar de su juventud, domina con evidente maestría. Camafeos, colgantes, anillos y aros de creación exclusiva son una pequeña muestra de una inquietud que no se detiene y que siempre va por más. Una prueba de ello son las pequeñas esculturas en vidrio, engarzadas en plata, que se convierten en enormes obras de arte por la creatividad y la destreza técnica que Malena ha adquirido en muy pocos años.
Dúctil y absolutamente enamorada del vidrio Malena también se transformó en una eximia vitralista de la mano de Carlos Herzberg, en cuyo taller enseña algunas de esas técnicas que tanto la apasionan y a las que seguramente contribuirá a engrandecer con nuevos y mejores aportes.
|