Es un verdadero artesano del dibujo humorístico. Un talentoso creador capaz de ver y de recrear la realidad con un optimismo inteligente y sutil.
Pertenece por derecho propio a esa generación de humoristas gráficos a los que la realidad siempre difícil, siempre compleja de la Argentina, los llevó al compromiso social y a veces político pero sin quitarles nunca una sonrisa, sin mellar su enorme creatividad para hacer reír a sus lectores aún en circunstancias duras, trágicas o simplemente ridículas. Eduardo Maicas pertenece a esa generación que acaba de perder en Roberto Fontanarrosa a unos de sus abanderados y de la que, por extraña paradoja, Artesanos se enteró apenas ingresó a su pequeño y atiborrado reducto de dibujante en la casa de su madre, en el barrio de Boedo. Esta dolido, está triste. Recuerda al “Negro” en alguna exposición que hicieron juntos; habla por teléfono con colegas que lo llaman en un intento infructuoso por ilustrar esa despedida que nadie quiere dibujar, pero sabe, como buen profesional que es, que el espectáculo debe continuar, que su misión en esta vida es bocetar un mensaje optimista, aún en circunstancias tan poco propicias.
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Maicas sabe que es un don que muy pocos elegidos tienen y que se debe hacer buen uso de él para no perderlo. Es un don que descubrió desde muy pequeño cuando copiaba historietas de revistas como Patoruzú y especialmente del Rico Tipo de Divito, una influencia que quizá pueda reconocerse aún en “Clara de noche”, uno de sus trabajos más reconocidos que, en colaboración con Carlos Trillo, edita en el diario Página 12. Es una gracia divina que desde aquellas épocas nunca lo abandonó y que le permitió trascender en medios de enorme importancia para el humor gráfico como fue la revista “Humor”, por ejemplo, o cultivar su fina sensibilidad porteña, durante muchos años, en las mañanas de radio Rivadavia. |
Creativo absoluto, artista talentoso, a través de sus dibujos Maicas revela sus sueños, sus deseos y hasta esos miedos lejanos que acaba de retratar, con mucho humor, con su habitual ingenio y con envidiable calidad estética, en una reciente exposición denominada “Los dibujos de Maicas son de terror”. Se trata de 22 obras donde recrea escenas de viejas películas de la década del ´50, que poblaron de pesadillas su imaginación infantil y que serán reproducidas en diferentes ediciones de la revista “Fierro”. ¿Un nuevo camino, tal vez?. Maicas no lo sabe. Sólo sigue hacia delante, brindando generosamente ese arte de despertar sonrisas, enseñando a nuevas generaciones las técnicas básicas de un dibujo humorístico que sea capaz de transformar cualquier realidad, aún la menos propicia.
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