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Bárbara Din Recuerdos del pasado |
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Está introduciendo en la Argentina la filigrana de papel, una antigua artesanía, tan frágil como exquisita, que tiene un importante desarrollo en Estados Unidos y Europa. Es una artesanía minuciosa, delicada, frágil y exquisita. Aunque su autora, la diseñadora gráfica Bárbara Din, no lo confiesa abiertamente puede imaginarse como una tarea que requiere una gran dedicación, una habilidad extrema y por supuesto, una alta dosis de creatividad para que la obra se transforme en una pequeña pieza de indudable calidad artística. Se trata del quilling o filigrana de papel, una artesanía que no tiene fecha de nacimiento oficial, ni un origen demasiado documentado. Se cree que los antiguos egipcios pudieron haber sido los primeros en cultivar esta habilidad para hacer, con tiras de papel, verdaderas obras que pueden simular trabajos de exquisita orfebrería o complementar decorativamente una pieza más importante de madera, metal, cerámica u otros materiales. Idas y vueltasEn su versión más moderna reapareció en Inglaterra en los siglos XVII y XVIII, de allí su nombre de “quilling”. Con el renacimiento de las artes decorativas en esa época, comenzó a ser utilizada por monjes artesanos para imitar las filigranas de metal, sobre todo en las iglesias pobres, según pudo rastrear Bárbara, una de las pocas (¿o la única?) cultoras de esta especialidad en nuestro país. El vocablo “quilling” vendría entonces de la pluma en que se enrollaba el papel para obtener las formas filigranadas. En la época victoriana, ese arte efímero y delicado, se utilizaba para decorar las cajas de té y los portarretratos de las damas inglesas, pero como suele suceder con otras artesanías vinculadas con lo decorativo volvió a caer en un largo y prolongado olvido que casi duró cien años antes de renacer a partir de la década del ´70 en los Estados Unidos y Europa. Gusto por lo exóticoEspíritu curioso, “siempre me interesan las cosas exóticas”, Bárbara descubrió esta curiosa artesanía y comenzó a tratar de recrearla venciendo todo tipo de dificultades que incluyó la falta de papeles y de herramientas adecuadas. Prueba y error, después de 7 años de intensa práctica sus trabajos demuestran una técnica depurada y un conocimiento muy profundo de todos los secretos del “quilling”, como ella insiste en llamarlo. Cajas decoradas, miniaturas hechas con tiras enrolladas de papel de 3 milímetros de espesor, lo suyo es casi todo pequeño, hermoso y delicado. Es su estilo, es su preferencia, porque Bárbara señala que con esa artesanía suelen decorarse libros de recuerdos, tarjetas de invitaciones y tarjetas de casamiento que, en Estados Unidos, suelen enmarcarse, como un recuerdo indeleble de ese célebre acontecimiento. Pionera en lo suyo, Bárbara usa papeles nacionales de 90 a120 gramos, coloreados en pulpa, pero añora la oferta que hay en Estados Unidos donde se venden las tiras ya cortadas de todos los colores inimaginables. Será cuestión de que su trabajo se popularice, que crezca un interés por ahora incipiente y que la filigrana de papel se transforme en una novedosa artesanía rescatada de la memoria de otros tiempos, como siempre sucede al fin y al cabo.
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